Si, es cierto. Hace rato que no estoy activa en este blog, pero tuve mucho que escribir en los otros. Motivos personales también me alejaron de la computadora. Ya es diciembre 23. Mañana es noche buena y qué mejor que activar el blog escribiendo un poco sobre las navidades.
Cuando era chica las fiestas eran siempre un tumulto de gente. Al ser nueve hermanos de por sí la familia directa eran once a la mesa. Pero siempre estaban los tíos, algún amigo suelto, la prima de la abuela del tío lejano que no tenía con quien pasar las fiestas y mi casa era albergue de muchos.
Todos los años se repetía el ritual. Mi madre cocinaba por dos días consecutivos y la heladera no daba a vasto entre los alimentos de once personas diarios más los manjares que de a poco ella iba preparando. Era una época de mucha excitación; en un ala de la casa mi madre picando, cortando, cociendo, hirviendo, asando. En todos los rincones los aromas de sus cocciones fusionandose con el de los jazmines que, repentinamente, invadían cada ambiente, incluyendo los baños.
A todos nos pasa que asociamos ciertas cosas a las fiestas. Las mías son el aroma a jazmines, el agua de azahar de las roscas de reyes, ese particular perfume del pan dulce cociéndose en el horno, y el ruido del envoltorio de regalos al romperse.
Una tradición que he mantenido fue la de los jazmines. No es época festiva sin ellos. Incluso cuando vivía en Tailandia conseguía de los campos más altos plumerías, que bastante similares en aroma son -aunque mucho mas vistosas.
Nunca era una cena simple. Siempre eran banquetes elaborados donde uno no sabía por dónde empezar. Los "clásicos" siempre fueron:
- Pavo
No podía haber navidad sin él. Fue todo un tema la primer navidad que por alguna razón -seguramente económica- tuvo que ser sin él. Mi madre lo rellenaba con ciruelas, nueces, pancetta ahumada, manzanas verdes y jugo de limón y lo cocinaba por hoooooras. Una vez listo y frío, le vestía la punta de las patas con un papel de aluminio, dándole la apariencia de "gorritos de chefs". Siempre se servía con una salsa dulce y la mayoría de las veces, rodeado de Cabello de Ángel casero.
- Melón con Jamón crudo
Mamá cortaba la parte superior del melón y luego con un sacabocados hacía las clásicas bolitas, que luego suavemente volvía a colocar dentro de la cascara ya descarnada, cortando el borde en forma de V's. Eso siempre iba en una fuente con rollitos de jamón crudo todo alrededor.
- Ensalada Waldorf
La clásica y nunca bien ponderada. Manzanas verdes, nueces, apio con crema y un toque de mayonesa.
- Palmitos con Salsa Golf
No faltaban nunca y eran mi predilección: las rodajas de palmitos que luego fueron aggiornadas a palmitos con apio, palta y camarones, regado con mucha "salsa golf", una mezcla homogénea de mayonesa y ketchup.
- Huevos rellenos
mezclaba las yemas con mayonesa, paté y alcaparras para volver a colocarlo dentro de las claras, haciéndole "caritas" con lonjas de aceitunas negras.
- Ananá con cerdo
Las rodajas de ananá se cubrían con lomitos de cerdo ahumado y una cereza y se asaban al horno con el jarabe del ananá hasta que el cerdo estaba dorado y azucarado. Uno de los pocos "calientes" que servíamos.
- Paté casero
Preparaba paté con mucho brandy, que luego, por alguna razón que sería lo único disponible, lo colocaba en un molde que tenía forma de pez.
- Peceto Mechado
Siempre relleno con ciruelas, nueces y pancetta, iba al horno para luego ser cortado en finas láminas.
- Matambre casero
La marmicoc era la herramienta de rutina.
- Ensalada Rusa
El clásico: papas, zanahorias y arvejas con salsa a base de mayonesa.
- Ensalada de papas
Para los más chicos, que a veces todo era demasiado, siempre había papas con huevo y perejil.
- Piononos rellenos con mayonesa de atún
Los arrollados, que luego decoraba con morrones, aceitunas y demás.
- Tartas
Variadas, de todo tipo. Desde acelga, hasta choclo (maíz) o jamón y queso.
Existía un sinfín de otros platillos que se agregaban conforme subía el numero de comensales. Pero estos eran los "fijos".
A los postres nunca le prestaba mucha atención. La mesa dulce eran las confituras, así que por lo general preparaba un postre empalagozo a más no poder, pero que era nuestro favorito: Planchas rotas de merengue mezcladas con crema batida, cucharadas de dulce de leche y chocolate amargo derretido. Esto no era preparado al azar: primero se colocaba una capa de trocitos de merengue, luego una de crema montada sin azúcar, ahí mismo esporádicas cucharaditas de dulce de leche y se cubría con hilos del chocolate derretido, para volver a comenzar con otra capa de merengues. Así sucesivamente por 4 o 5 veces.
En esta fecha -y solo en esta- se utilizaban los platos de limoge de mi abuela. Un set de 24 platos con motivos florales de rosas y borde de oro, así como los cubiertos de plata y las copas de cristal de Baccarat. Creo que todo un mueble que teníamos de vajilla cumplía la única función de ser utilizados una vez al año durante la navidad.
La mesa de dulces era nuestra perdición. Como debíamos dormir la siesta y con tanta excitación costaba conciliar el sueño, terminábamos durmiendo media hora con suerte. Así que la ingesta de estos azúcares nos mantenían vivos hasta las 2 de la mañana... NUNCA se abrian los regalos antes de las 12AM, cuando religiosamente escuchábamos las campanadas en la radio.
Nuestro arbolito era enorme. ¿O era quizás mi altura que así lo hacía parecer?. Iba sobre una mesada y estaba lleno de adornos y luces, incluso de más grandes teníamos permitido colocar los adornos nosotros. Armábamos un lío bárbaro, pero "mágicamente" al día siguiente el arbolito aparecía "ordenado", con las luces y guirnaldas más o menos prolijas.
El pesebre era toda una aldea, con figuras de 30 centímetros de altura. Se armaba sobre el mueble que guardaba las bandejas de plata, una superficie de algo así como 1,20Mts por 50 Cms., donde con libros se le daban distintos "relieves" y luego se cubría todo con una tela semi cruda estilo arpillera. En las "montañas" se armaban corrales de animales, algunos pastores con ovejas, burros y demás figuras de yeso, y en el centro, bajo un techo dos aguas, la sagrada familia y los tres reyes magos. Teníamos incluso arbolitos artificiales, y todo se cubría con yerba y harina, para hacerlo parecer aún más real.
Justo a la medianoche y antes de abrir nada, tocaba "buscar al niño Jesús" que siempre -desde el 8 de Diciembre que religiosamente mi madre preparaba el pesebre y el arbolito- estaba en su cuna pero que esa noche sorpresivamente desaparecía para "nacer" a las 12AM.
La cena siempre era acompañada por la Misa Criolla y villancicos en discos y siempre bailábamos y cantábamos, saltando por los sillones en nuestras mejores ropas.
Era una noche donde no había problema alguno en la vida, todo era ese momento y nada más. Como dicen en el Show Cabaret "In here life is beautiful".
Felices fiestas a todos. Un excelente año nuevo colmado de alegrías, proyectos que se concreten y buenas cosas: salud, paz, crecimiento y amor.